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Algún día...

  • Foto del escritor: Diego Fernández de Cevallos
    Diego Fernández de Cevallos
  • hace 1 día
  • 2 Min. de lectura

Para desgracia de México, la imperiosa unidad nacional no se logrará mientras Claudia Sheinbaum utilice su tribuna palaciega y demás recursos gubernamentales para injuriar, calumniar y deshonrar a los mexicanos que nos atrevemos a opinar diferente de lo que ella dice, quiere o impone. Su proceder es idéntico al de Tartufo, y es axiomático que un o una gobernante que no respeta a los gobernados no merece respeto, ni puede exigirlo, aunque se pretenda esconder en su género e investidura.


Pero hay algo peor: cuando califica a los disidentes de traidores, corruptos, hipócritas y de todo cuanto le viene en gana, simultáneamente solapa y exonera a su predecesor y a quienes se someten a sus designios, aunque cometan ostentosa y cínicamente un sinfín de delitos.


Hace pocos días se escucharon voces en contra de la supuesta “ayuda humanitaria” del gobierno de México a los cubanos, por estimar que sólo ha servido, durante muchos años, para sostener a una dictadura brutal y

asesina. Y eso fue suficiente para que estallara indignada nuestra soberana y rápidamente dividiera a México entre los “mezquinos y los fraternos”.


¿De verdad, ante tal insolencia, todos los mexicanos estamos obligados a permanecer callados, respetuosos y genuflectos?


Son incontables los casos que la denigran como mujer y gobernante, por haberse convertido simplemente en tapadera de bribones, pero hay un suceso que rebasa cualquier lindero: Recordemos que cuando informes

oficiales y denuncias ciudadanas descubrieron enormes saqueos durante el pasado sexenio, en el IMSS, Segalmex, INSABI, CFE, Infonavit, ISSTE, Pemex, Conade, INM, Tren Maya, Dos Bocas, el INDEP y otros más (por cientos de miles de millones) incluso el Huachicol Fiscal, que el propio gobierno cuantifica en más de 600,000 millones, la honesta, incorruptible y veraz presidentA (con A) se atrevió a decir sin ruborizarse en su mañanera del 27 de octubre del año pasado:


“Ahora andan con la cantaleta de que el gobierno del presidente López Obrador fue corrupto. Bueno, ¿de dónde hubieran salido los recursos para todas las obras públicas y para los programas de Bienestar si hubiera habido corrupción? Pues si hubo un caso u otro, pues no hay impunidad”.


Y lo dijo a sabiendas de que estas obras públicas y programas de Bienestar se fondearon (y se siguen fondeando) en gran medida a través del mayor endeudamiento de México en toda su historia, mismo que estaremos pagando, por muchos años, todos los mexicanos. Y lo afirmó cuando Transparencia Internacional calificó a México como uno de los países más corruptos del mundo.


Ciertamente, toda miseria moral es lamentable, pero si la padece un gobernante resulta trágica. Algún día llegará a la presidencia de México el arquetipo de la mujer mexicana que subyace en lo más profundo del ser nacional.

 
 
 

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