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Desafíos de la gobernabilidad

  • Foto del escritor: Liébano Sáenz
    Liébano Sáenz
  • 30 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

Lo ocurrido desde el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, ha generado en diversos frentes y por distintas causas movilizaciones que tienen en común la insatisfacción con el estado de cosas. Se puede apreciar como una crisis más, o bien, como un punto de inflexión; lo que no es aceptable es minimizarlo o apreciarlo como un asunto menor y transitorio. Estamos ingresando a una nueva etapa que debe plantearse como un desafío de gobernabilidad, esto es, la capacidad del Estado para responder a las exigencias sociales.


El origen de lo que ocurre es la pérdida de capacidad institucional para contener el conflicto social, y todavía más, que los problemas crecen resultado de la dificultad del gobierno para atender la demanda social. Así, por ejemplo, el campo ha sido desatendido, se eliminaron muchas instituciones, programas y acciones del gobierno en beneficio de los productores. En el fondo lo que subyace es la política de gasto y su impacto en ciertos sectores que han llegado a una situación límite.


El caso de los transportistas se asocia al tema de la impunidad, lo que a su vez refiere no sólo a la ausencia de autoridad para proveer seguridad en las carreteras, sino también a la presencia de las policías locales y municipales en una insostenible situación de extorsión que en algunas partes se acompaña de complicidad con los grupos criminales violentos y una red delictiva que alcanza a los gobiernos.


Es necesario un diagnóstico serio y confiable sobre lo que está aconteciendo para generar respuestas acertadas y que atiendan las causas originarias de los problemas que plantea la población. Un desafío mayor porque el gobierno ya no cuenta con los recursos económicos e institucionales para una respuesta estructural; asimismo, el privilegiar objetivos políticos relevantes del grupo gobernante o electorales impiden una perspectiva más amplia y una acción de apertura e incluyente.


Se debe aprender del pasado. En amplia perspectiva lo que ahora ocurre no es inédito y no hay espacio para el fatalismo; las mejores lecciones derivan de la claridad en el propósito de atender lo importante sin desentenderse de lo urgente y, sobre todo, de autoridades que escuchan, dialogan y resuelven. 



 
 
 

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