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Los de adentro lo mandaron matar

  • Foto del escritor: Diego Fernández de Cevallos
    Diego Fernández de Cevallos
  • 3 mar
  • 2 Min. de lectura

Tiene enorme significado el sentido reconocimiento que hizo el

secretario de la Defensa Nacional al valor y patriotismo de los

25 o más soldados, guardias y policías que murieron durante la

captura y muerte de El Mencho y varios de sus secuaces.


La pérdida de sus compañeros de armas y el inmenso dolor de

los huérfanos, viudas y demás familiares calaron hondo en el

hombre, pero demostró orgullo y pundonor de general.


Empero, lo que más exigen y merecen los uniformados, de aire,

mar y tierra, que de verdad consagran su vida al servicio de

México, es tener la certeza de que los réprobos y traidores, de

cualquier nivel, sean severamente castigados y que no los cubra

impunidad alguna.


Pregunto: ¿se le puede exigir a la tropa que pierda su vida

luchando contra siniestras organizaciones asociadas en grandes

negocios con funcionarios municipales, estatales y federales del

más alto nivel que gozan de protección gubernamental? Porque hay

policías, alcaldes, legisladores, gobernadores, militares y

miembros del gabinete presidencial que, junto con empresarios,

integran al llamado Crimen Organizado. No es una hipérbole hablar

aquí de narcoestado o narcogobierno.


Si alguien lo duda, vamos al caso del “huachicol fiscal”:

Según informes de autoridades, se trata de un quebranto al erario

por más de 600,000 millones de pesos. El contraalmirante Fernando

Guerrero, diplomado del Estado Mayor, denunció de viva voz y por

escrito ese delito ante los dos últimos secretarios de la Marina

Armada de México (José Rafael Ojeda Durán en el sexenio de LópezObrador, y Raymundo Pedro Morales Ángeles en el de Claudia

Sheinbaum).


Poco después dos motociclistas acribillaron a

Guerrero a quemarropa. No fue un asalto, los suyos, los de casa,

lo mandaron matar.


En un audio no desmentido, expuesto por Aristegui Noticias, se

escuchan al denunciante, a otros no identificados y al entonces

secretario José Rafael Ojeda Durán, quien comentó: “se podría

cerrar el asunto con cambio de personal o llevarlo hasta sus

últimas consecuencias”.


En los hechos, las últimas consecuencias

fueron: la persecución judicial de dos sobrinos políticos de

Ojeda Durán y de funcionarios menores, así como el asesinato del

valiente marino. Sobre el crimen, los de hasta arriba y la

recuperación de lo robado: impunidad y silencio.


Si Guerrero fue asesinado por denunciar un gigantesco robo a

la nación es un auténtico héroe. Yo pregunto al secretario de

Marina y a la jefa suprema de nuestras Fuerzas Armadas: ¿Él y su

familia no merecen justicia? ¿No procede un homenaje público

encabezado por ustedes, como lo hizo el secretario de la Defensa

a los caídos por la captura de El Mencho? En tal caso ¿también se

les quebraría la voz?


Pero la cínica tapadera únicamente repetirá su baboso

sonsonete: “mejor hablen de García Luna”.



 
 
 

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