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¿Por qué la ambición de unos cuantos locos condena al mundo entero? EE. UU. e Irán al borde del abismo

  • Foto del escritor: María Zermeño
    María Zermeño
  • 23 jun 2025
  • 2 min de lectura

¿Por qué la ambición de unos cuantos hombres —armados de poder, miedo o ego— sigue arrastrando al mundo entero a las puertas del desastre? Esa es la pregunta que vuelve a resonar mientras Estados Unidos e Irán protagonizan una nueva escalada militar, esta vez más peligrosa que nunca.


El 22 de junio, EE. UU. ejecutó la Operación Midnight Hammer, bombardeando instalaciones nucleares clave en Irán. Según Washington, el ataque fue preventivo y necesario; para Teherán, fue un acto de guerra que no quedará sin respuesta. Las tensiones escalan, pero las razones que se ofrecen al mundo parecen las de siempre: seguridad nacional, amenazas externas, soberanía. Palabras grandes para esconder decisiones pequeñas tomadas por muy pocos.


A pesar del golpe, ambos gobiernos abrieron una tenue línea de diálogo. El enviado estadounidense Steve Witkoff ha mantenido contacto directo con el ministro iraní Abbas Araqchi. Pero este gesto diplomático llega en medio del fuego cruzado, condicionado por los movimientos de Israel y las amenazas cruzadas de ambos bandos.


Mientras tanto, el precio del petróleo sube, los mercados tiemblan, y millones de personas —que nada tienen que ver con esta disputa— temen por las consecuencias. El estrecho de Ormuz, por donde fluye gran parte del comercio mundial, podría ser cerrado si el conflicto se intensifica. Otra vez, los inocentes pagan el costo.


Quizás la mejor defensa ante la ambición de unos pocos no sea otra guerra, sino una presión global por la paz, por la razón, y por la idea radical de que la humanidad no necesita seguir caminando hacia el abismo cada vez que alguien se siente todopoderoso. El futuro de millones no puede depender de los impulsos de unos cuantos.


 
 
 

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